Saludo al amor!
Salve la Luz!
Salve la alegría!
Verdes son los matorrales.
Dulce es el perfume de las flores.
La paz flota en el aire.
El viento sopla, suavemente.
Los animales libres y juguetones viven intensamente el paraíso de sus habitats.
Y en medio de todo ese escenario divino y bendito, vivía mi Pueblo, los Indígenas, despojados de todo y cualquier interés material...
Vivían y todavía viven algunos (con todas las limitaciones impuestas por el hombre blanco y su poderío socio-económico) en una integración plena de Tupã-naturaleza-indio.
Y de esa Madre Naturaleza, idolatrada por ese pueblo sencillo y puro, sólo les interesaba el alimento para su subsistencia. Por lo demás, el encantamiento y el instinto de conservación eran los sentimientos, los propósitos y los escenarios divinos que componen su hogares naturales.
Desprovistos de ambición, dominio, materialismo y envidias, sentimientos comunes en los hombres blancos, como nosotros les llamamos, mi pueblo no tiene propósitos de vida, más allá del deseo puro y simple de vivir en paz en el cultivo de sus tierras, en el placer de la pesca y la caza...
Pero el hombre, ciego por poder y dinero, les roba el sentido de vivir: la paz, las tierras, y también sus propias vidas. Cabe al Padre Tupã, padre de todos, el juicio final.
Salve el amor.
Salve la Luz.
Salve la alegría.
Salve los indios.
Inajá
GESJ - 17/04/2007 - Reunión Pública - Vitória, ES - Brasil