Bendito sea el mecanismo de la reencarnación en un cuerpo físico, porque proporciona el drenaje de las toxinas ácidas del espíritu hacia la materia y provoca el olvido, alivio para la mente culpable.
No importa si la constitución física es bella y armoniosa o deforme y enferma. El olvido de las faltas amortiguado en la materia es mil veces más deseable que las llamas voraces del fango en el astral inferior.
Millares de almas procedentes de las regiones inferiores, en condiciones de reencarnar, están siendo encaminadas para habitar nuevos cuerpos como último drenaje en la materia.
Millares de espíritus están prisioneros en bizarros fetos, que aún no se han formado, mantenidos en fase embrionaria. Sus conciencias no siempre están congeladas y sus espíritus agonizan y suplican la oportunidad de desarrollarse. No obstante, están condenados a muerte, pues serán utilizados en experiencias legalmente autorizadas, o serán "descartados", como "inútiles".
Cada criatura recorre el camino que ha elegido y recoge aquello que sembró.
Células-madre embrionarias, la gran salvación para los deformes de la Tierra, según la visión limitada de los científicos encarnados; esa es la condición en la que se encuentran millares de almas que, desde lo invisible, claman por la oportunidad de desarrollarse en un cuerpo físico que las lance al olvido y al progreso.
La ciencia no siempre recorre el camino correcto para traer a la luz el progreso de la humanidad. La mayoría de las victorias de la ciencia terrenal están calcadas en el sufrimiento y el dolor de la criatura humana.
Los Ojos de Dios a todos observan.
Samuel
GESH - 30/05/2008 - Vitória, ES - Brasil