Recuerden siempre: el viento es aliento de Dios que sopla y renueva el aire alrededor de todos.
Cada tempestad que llega purifica el aire, humedece la tierra, arranca raíces débiles de las hierbas dañinas y disuelve miasmas.
Después de una tempestad en la vida el ser humano puede mirar el jardín de su corazón donde brilla la llama de la fe y encontrar valores renovados y fortalecidos de amor y bondad, justicia y paz.
No eviten las tempestades de la vida, pero tampoco las provoquen; sin embargo, dado caso sean sorprendidos elijan la fuerza necesaria para soportar los cambios y descubrirán más adelante la luz de un nuevo día que les sonrie.
Francisco de Asis
Vigilia, 19/10/2002 - Vila Velha, ES, Brasil