Artículo Publicado en el Jornal de Brasil, el 09/01/94
La revelación de que el gobierno americano engañó u omitió información a centenares de personas para someterlas a pruebas de radiación nuclear, escandalizó a la sociedad americana. "Sólo puedo pensar que las personas que conducían los experimentos eran nazistas", dijo la secretaria de Energía, Hazel O'Lary, primera autoridad en admitir oficialmente la realización de tales pruebas.
Fueron funcionarios del gobierno americano, sin embargo, quienes durante más de 30 años supervisaron experimentos con el objetivo de medir los efectos biológicos de sustancias radioactivas ingeridas, inhaladas o inyectadas en seres humanos. El pretexto era la "seguridad nacional": del otro lado del mundo, la Unión Soviética apuntaba sus misiles hacia el territorio americano.
Los americanos mientras tanto no están aceptando el patriotismo como disculpa. Entidades de derechos humanos catalogan esas experiencias como crímenes de guerra. El diputado demócrata Edward Markey, el primero en denunciar, en 1986, el uso de cobayos humanos en las pruebas, consideró las experiencias con seres humanos como "bizarras" o "repugnantes". "Ciudadanos americanos se transforman en piezas de calibración de artefactos nucleares, en muchos casos fueron rotulados como poblaciones destinadas al 'sacrificio' (prisioneros, pacientes con dolencias terminales o con retardos mentales)", escribió en el prefacio del relato que presentaban, sin éxito, al gobierno de Ronald Reagan, con la esperanza de que los hechos puedan ser investigados.
Tales experimentos empezaron en 1940 y se extendieron hasta los primeros años de la década de los 70's, bajo la supervición del Proyecto Manhattan (que construyó la primera bomba atómica), de la Comisión de Energía Atómica y de la Administración de Investigación y Desarrollo de Energía. Esos tres organismos dieron origen al actual Departamento de Energía lidereado por O'Lary. He aquí los principales experimentos:
De 1945 a 1947, 18 pacientes terminales de cáncer, de hospitales en Tenessee y en Nueva York, recibieron inyecciones de plutonio para medir la cantidad de sustancia retenida por el organismo. Los pacientes no fueron avisados sobre el experimento.
En el Instituto de Tecnología de Massachussets, el conocido MIT, durante el período de 1961 a 1965, veinte personas, de 63 a 83 años, fueron inyectadas con radio y torio para evaluar la velocidad del pasaje de esas sustancias por el organismo.
A partir de 1963, ciento treinta y uno internos de presidios de los estados de Oregon y Washington, fueron reclutados mediante el pago de $200 dólares a cada uno, para someter el pene y los testículos aplicaciones de rayos X. Los prisioneros fueron advertidos sobre la posible esterilidad y quemaduras de piel, pero no sobre el riesgo de contraer cancer. Posteriormente sufrieron la vasectomía para evitar contaminar a la población con la generación de mutantes irradiados.
Durante los años 60's, en el laboratorio científico de Los Alamos, 57 adultos sanos fueron alimentados con esferas microscópicas conteniendo uranio y manganeso, para medir el tiempo que les tomaba a las esferas en ser expelidas.
En los años 1946 y 1947, el la Universidad de Rochester, en Nueva York, seis pacientes con buen funcionamiento renal fueron inyectados con sales de uranio para verificar que la concentración de la sustancia radioactiva dañaba el riñón. Algunos pacientes sufrieron alucinaciones, mientras que otros desajustes emocionales.