Buenas noches a todos!
En primer lugar nos gustaría disculparnos por el fuerte acento que aún traigo de mi nacionalidad, por lo que muchas veces tengo cierta dificultad en hablar correctamente el portugués.
Quería agradeceros por haberme acogido y por la maravillosa oportunidad que me disteis, pues solamente una Casa como esta, que me trae bellísimos recuerdos, podría proporcionarme tanta alegría al dirigirme a ellos, con palabras que, no son solo mías, sino que son también de quienes me inspiran y que vosotros conocéis, porque aquí estáis aprendiendo la doctrina espírita, profundizando en conocimientos dentro de la verdad espiritual.
Esta noche hablaremos un poco sobre el sufrimiento, porque el sufrimiento es la mágica situación que atrae a tantos a esta Casa, por la que algunos se encuentran y por la muchos pasarán.
Muchos tendrán miedo a sufrir por el dolor les incomoda, duele, sin embargo, no son conscientes de los beneficios que también trae.
Es preciso encarar y entender el proceso de sufrimiento para no oponer resistencia a la Sabiduría de lo Alto cuando Ella nos envía como auxilio para nuestro progreso, este compañero que nos eleva y nos impulsa hacia arriba, considerando el desarrollo espiritual.
Al igual que vosotros habéis aprendido en esta Casa a través de la lectura de algunas obras espiritualistas y no solamente las espíritas, antes de reencarnar las personas son conscientes del plan que se hace en el plano espiritual, con el propósito de ayudar a los encarnados en la Tierra.
Ese plan, es como si fuese un trazado, un camino de luz que deberíamos seguir, pero que, por diversos factores, no conseguimos adentrarnos en él y recorrerlo perfectamente. A veces caminamos paralelamente al trayecto, otras veces lo hacemos en perpendicular, distanciándonos cada vez más de aquello que planeamos, y por eso sufrimos graves y grandes sorpresas cuando regresamos al plano espiritual.
Pero la Misericordia Divina encuentra los medios propicios para que las criaturas alcancen las condiciones que les permitan, por lo menos, aproximarse al plan programado previamente; y uno de ellos, tal vez el más importante, es el dolor.
Cuando nos comprometemos en situaciones que nos colocan en desventaja en relación a nuestro camino, surge una fuerza que nos impulsa en dirección a lo que fue planeado, y muchas veces, no reconocemos la importancia de todo ello, por lo que solemos hacer fuerza en contra de la situación que nos duele.
Cuanto mayor resistencia opongamos, más aumentará el dolor, porque si permitimos que algo nos presione en una dirección y no oponemos resistencia, encontraremos el camino.
Esto ocurre en la vida de todos los encarnados, pues siempre que se siente presente el sufrimiento, precisamos entender qué nos quiere decir, porque nos avisa de que existe en nuestra trayectoria de vida, algo que debemos revisar o repensar.
Cuando esto sucede, siempre nos quejamos y nos rebelamos contra el dolor. Hacemos fuerza en contra, y no permitimos que la maravilla de la naturaleza actúe a nuestro favor; estamos, inconscientemente, impidiéndonos recibir la Misericordia del Padre, que nos señala la dirección correcta.
Una vez más repito: si estoy hablando sobre el dolor es porque muchos de vosotros habéis pasado, estáis pasando o en breve pasaréis por momentos de sufrimiento, porque no existe encarnado en este planeta que no pase o haya pasado por esto.
La vida nos enseña que aquel que soporta con resignación el dolor, que sufre y se refleja en el resultado del dolor observando el proceso en su propia vida y en la de los que le rodean, entenderá la verdadera razón por la cual estoy hablando sobre esta situación.
No me queda tiempo para extenderme en el asunto porque me reclaman otras actividades en el plano espiritual; pero he de recordaros que esta noche me comunico con vosotros, gracias a la invitación de la hermana presidenta, a la que tengo en gran consideración por las oportunidades que me dio en esta Casa durante el tiempo en que trabajé aquí. No estoy segura de cuando tendré una nueva oportunidad para encontrarme con vosotros, lo que para Lolita sería un gran placer. Pero como ya he dicho, apenas respondo al pedido de nuestra hermana presidenta y ahora he de volver al trabajo, en otra región que no es esta..
Deseo para todos los aquí presentes la felicidad que los seres humanos anhelan. Que la paz envuelva a todos los de esta Casa y a los que aquí se encuentran.
En estos instantes, veo mucha luz y una vibración de confort espiritual envolviéndoos.
Agradezco y deseo que siempre estéis con nosotros contribuyendo de esta maravillosa forma.
Que el Padre Bondadoso, Misericordioso, Infinito de Amor, os abrace cariñosamente y os de la Paz que el Mundo pueda ofrecer.
Gracias, gracias a todos. Buenas noches, buenas noches!
Lolita
(Gran amiga del GESJ)
Mensaje psicofónica, pronunciada en español, recibida en Reunión Pública el 12/04/2007 - Vitória, ES - Brasil